28.5.08

acaso

Quizás el viento nunca sople
tan fuerte que arranque de raíz
la flor envenenada del jardín
como furia enloquecida o tempestad
a la altura en que el tiempo es de verdad
una pared blanca o un portal.

Tal vez el tiempo es de verdad
la raíz envenenada de la flor
la furia enloquecida del jardín
una pared blanca, un portal,
o el viento a la altura -tempestad-
que nunca sople hasta arrancar

la furia enloquecida de la flor
una pared blanca en el jardín
a la altura del tiempo, un portal
que nunca sople el viento de verdad
tan fuerte como una tempestad
envenenada de raíz. Quizás...

enredadera

Hay un mundo, y en él un bosque, y en él palabras rebotan como ecos. Dijiste, y yo respondí (diálogo vacío), y sin saber ahí estabas escondida detrás de un árbol cualquiera.

Y yo camino, y yo espía del mundo, el otro, el mío, (me río), o cualquier otro quizás. Y yo te busco, cosa rara, linda niña, no te encuentro. Y yo escucho palabras, como ecos del después, pensando en crear un mundo para que rías y después querrías después ya no lo sé. Sólo si me invitas a tu nueva dimensión iré.

Para que vivas (tienes que hacerlo) yo te hago un nuevo mundo paralelo y te lo doy, y me voy por ahí silbando no sé qué no sé cuánto te quiero, pues sé que volveré y te daré mil nuevos mundos para que no te aburras nunca, para que no te mueras nunca (sino yo me pondría a llorar). Y eso no es lo que yo quiero ni lo que busco yo es un nuevo cuento para vivir.

Contigo (si es que te encuentro) seguiremos el camino que nos lleve a algún destino como por ejemplo ese otro mundo que yo inventé para obsequiarte, para besarte con palabras, con palabras que escuché mientras creaba un nuevo mundo, palabras que rebotan como ecos en un bosque que está dentro de un mundo que no sé quién lo escribió.

¿Qué? ¿Que quién decía esas palabras que en el bosque rebotaban? Pero si eras tú escondida detrás de un árbol cualquiera.

salto bombas de azoteas a baldosa (o método práctico de cómo atravesar paredes en busca de la melodía perdida)

zambullirse en un charco con forma de nube
que sube y que baja como las montañas
y una mañana de estas
quizás un jueves
despertarse flotando lleno de lluvia

aunque se vea el sol -miralo- allá arriba
y caiga de golpe como meteorito
o explote de pronto como dinamita
volando al instante la cabeza a pedazos

aunque sea celeste o bien rojo que verde
sin arcoiris porque la noche y estrellas
porque se estrecha el agujero a baldazos
y casi no hay tiempo -que casi no-
hay que zambullirse de cabeza en un charco.

finn


Y el fin está al principio
y tus pies están detrás
del precipicio
del umbral y el cristal
estalla de repente
y tu mente se te va
cayendo por el acantilado
no mires a los costados
que no hay dónde agarrar
mejor mira cuesta abajo
el principio del final