14.5.10

abadonad el verbo. hágase la luz

Innombrable
nada me perturba.



Más allá del resplandor de la palabra
la oscuridad profusa me circunda,
pero no me debato en duelo, no me asusta
sucumbir ante el silencio -fiel me entrego-
y despertar a media noche en plena calma.

No hay llamado alguno, ni campanas
que redoblen puntualmente hasta el encuentro
al final del camino: el campanario
vacío
y el cielo repleto de aves desbandadas.



Sin palabras
soy como una flecha apuntando a ningún lado.

Innombrable
ninguna herida se abre en la cercanía.

2 comentarios:

Scarlett DuBois dijo...

Aquello que no se puede nombrar, no existe. Es el lenguaje que delimita la realidad. De cualquier forma, me encantó tu texto.

Laura García de León dijo...

Que lindo, vivir asi, sin heridas abiertas y que no duelan